
A veces, es necesario detenerse, tomar aire y mirar hacia atrás. No para quedarse a vivir en el pasado, sino para entender de qué estamos hechos hoy.
Cierro los ojos y observo a quién era hace unos años, me reconozco pero algo en mí ha cambiado. Veo los momentos de duda y tormentas que pensaba que nunca terminarían. Sin embargo, hoy entiendo que cada paso que di fue dándole forma a los muros que ahora me protegen.
Hacerse fuerte no es volverse insensible; es aprender a reconstruirse con las piedras que otros nos lanzaron. Mi fortaleza no es un búnker cerrado al mundo, sino un hogar que hoy sabe qué batallas librar.
Echando la vista atrás, sonrío y a veces, lloro. El tiempo no solo pasó; el tiempo me construyó.