28/07/2026

Te levantas cada mañana para ir a trabajar. Cuesta pero te levantas, te aseas y preparas la mochila. Plátano, porridge, frutos secos, agua.. lo que ves conveniente para estar toda la jornada fuera y estar preparado.

Llegas a tu lugar de cada día, de lunes a viernes, sin fines de semana. Ahí estás, sentado, esperando tus tickets para ponerte a trabajar. Ayer dejaste dos equipos listos para su instalación. Vas y lo haces. Dos horas has tardado. No pasa nada ya que el servicio donde se instala es punto crítico y hay que ir con cuidado.

Al subir al taller, recoges carterilla con tus 3€ porque te dispones a salir con los compañeros a desayunar pero alguien bloquea tu salida. Si, un escalón por encima de ti, aparece ese hombre indicando que hay que hacer algo muy pero que muy urgente. Nos va la vida en ello y es que el «Hombre flequilloso» (llamémosle así) pide… dos ordenadores con sus respectivas pantalla para nada mas y nada menos que llevárselos a su casa.

Todo esto parece normal, el servicio de informática está para dotar de material y solventar las incidencias pero, lo que ocurre, es que estos equipos de sobremesa se los lleva alguien, a su casa, material pagado por todos los contribuyentes (incluido un trabajador) para su uso personal. Yo que me levanto para trabajar, mes a mes, que quiere comprar su caprichos, pagar sus facturas y un etc que todos sabemos, debe ahorrar lo necesario para poder comprar eso que quiere.
Los peces gordos (y bien gordos que los tiene) parece que tienen esa facilidad de levantar el teléfono, decir «mimimimimi» y asunto arreglado, todo a su disposición «Sir».

Este «Hombre flequilloso», no se cuanto se embolsará al mes pero lo que valen esos dos equipos con su pantalla son 1.000€ cada uno. Ese es el precio, llegar a donde has llegado y valerte del privilegio de tener una flotilla que te lame los píes y el flequillo para ponértelo bonito. Esta sociedad que si estás en el barro vas a seguir ahí, no miran por ti, miran por ellos y por eso los ricos cada vez son mas ricos y los pobres cada vez mas pobres.

Lo grave no es lo que cuesta el material, sino quién cree que puede usarlo como si fuera suyo.

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